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Cuentos

Cuento «Ricitos de oro» en Lengua de Signos

Lengua de Signos EspañolaBy Lengua de Signos EspañolaNo hay comentarios4 Mins Read

Había una vez una casita, en medio de un bosque, donde vivían 3 ositos. Un día, mamá osa estaba preparando la sopa, pero estaba muy caliente y pensó en dar un paseo por el bosque. Así que los 3 se fueron a pasear.

Una niña llamada Ricitos de Oro, que también estaba paseando, vio la casita de los ositos. Ricitos de Oro tenía el pelo rizado y rubio, como el oro, la piel blanca y mejillas sonrosadas, los ojos azules, grandes, con largas pestañas, la nariz pequeña, y los labios pequeñitos y muy rojos. Era una niña guapísima, simpática y algo traviesa.

Ricitos de Oro se acercó a la casa y se asomó por la ventana. Había cuadros muy bonitos y estaba todo muy limpio. Ricitos de Oro quiso curiosear y entró. La casa tenía 2 plantas. En la primera estaba el salón y la cocina, y en la segunda un dormitorio y un baño. El salón era grande y tenía una mesa y 3 sillas de manera en el centro, estanterías con muchos libros y figuritas a la derecha y un sofá grande, unas cortinas verdes y 2 ventanas a la izquierda. Al cabo de un rato, Ricitos de oro sintió hambre gracias al olor que venía de la sopa puesta en la mesa de la cocina. Se acercó a la mesa y vio que había 3 tazones. Uno pequeño, otro más grande, y otro más y más grande todavía. La niña se lanzó a probar la sopa, comenzó por el tazón más grande, pero al probarlo, la sopa estaba demasiado caliente. Entonces pasó al mediano y le pareció que la sopa estaba demasiado fría. Pasó a probar el tazón más pequeño y la sopa estaba como a ella le gustaba. Y se la tomo toda.

Cuando acabó la sopa, Ricitos de Oro, fue al salón y vio tres sillas, se subió a la silla más grande pero estaba demasiado dura para ella. Pasó a la silla mediana y le pareció demasiado blanda. Y se decidió por sentarse en la silla más pequeña que le resultó comodísima. Pero la sillita no soportó el peso de la niña y se rompió. Ricitos de Oro decidió entonces subir a la habitación y probar las camas. Probó la cama grande pero era muy alta. La cama mediana estaba muy baja y no le gustaba, así que probó la cama pequeña que era tan mullidita y cómoda que se quedó totalmente dormida.

Mientras Ricitos de Oro dormía profundamente, llegaron los 3 ositos a la casa. El papá oso vio que la puerta estaba abierto y pensó que había entrado un ladrón. Entonces entraron en la casa, y al ver su cuchara en el tazón de sopa, papá oso dijo gran voz:
-¡Alguien se ha comido mi sopa!
Y mamá oso también vio su tazón y dijo:
-¡Alguien ha probado también mi sopa!
Y el osito pequeño dijo con voz apesadumbrada:
-¡Alguien se ha tomado mi sopa y se la ha comido toda entera!
Después, muy enfadados, pasaron al salón y dijo papá oso:
-¡Alguien se ha sentado en mi silla.
Y mamá oso dijo:
-¡Alguien se ha sentado también en mi silla!
Y el pequeño osito dijo:
-¡Alguien se ha sentado en mi sillita y además me la ha roto!
Entonces, muy muy enfadados, subieron al dormitorio y al entrar, papá oso dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Y mamá oso exclamó:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama también!
Y el osito pequeño dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mí camita…y todavía sigue durmiendo!

Ricitos de Oro, mientras dormía escuchó un ruido y se despertó. De un salto se sentó en la cama mientras los osos la observaban, y saltó hacia el otro lado, bajó corriendo las escaleras sin parar y se marchó de la casa. El osito se quedó muy triste porque pensaba que la niña y él serían amigos en el futuro. Muy triste bajó las escaleras y se puso en la ventana esperando que algún día volviera la niña. Los días pasaban y la niña no volvía, así que el osito decidió buscar otros amigos y se fue al parque. Allí conoció a otros animales como al conejito, al perrito y al gatito con los que felizmente jugaba todas las tardes.

Ricitos de oro
Lengua de Signos Española

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